Inicio » 2015 » Septiembre » 30 » Bocas de alcancía
8:00 PM
Bocas de alcancía

Hace unos días, una lectora de este diario manifestó en la sección de cartas una curiosa inquietud: "Quisiera saber", escribió, "si es requisito para los conductores de los matinales televisivos el tener una boca de alcancía". Con ello no se debe entender que tales conductores sean unos tragamonedas, aunque a algunos la metáfora pueda calzarles perfectamente, sino que poseen unos labios tan delgados que lo mismo daría que no los tuviesen. Para darle cuerpo a su comentario, la lectora da ejemplos contundentes: Felipe Camiroaga, Jorge Hevia, Mauricio Bustamante, Cristián Sánchez y Marcelo Comparini conformarían la selección chilena de la especialidad "bocas de alcancía", pues sus labios, en efecto, no son más que dos bordes en la filosa abertura bucal, la cual pareciera haberles sido cortada en la cara con cuchillo, igual que la hendidura en la espalda de un chanchito de Pomaire.

Como a la lectora, y por cierto gracias a ella, me ha dejado estupefacta esa conjunción matinal de bocas de alcancía. Si me dijeran que todos los conductores mañaneros tienen el pelo crespo o la nariz aguileña, estoy segura de que mi sorpresa sería menor, pero los labios delgados poseen un carácter sugestivo que otros rasgos fisonómicos no tienen: al menos para mí, siempre inspiran desconfianza. Sé que los terrenos de los prejuicios son pantanosos y resbaladizos, pero inevitablemente una persona de labios finos me dice con su rostro cosas que, quizás, con su corazón nunca me diría. Me dice, por ejemplo: "Cuídate, porque no soy quien crees que soy". O bien: "Cuídate, porque si no me das no te daré".

 

La boca es sexual de comisura a comisura, y tal vez por eso una carencia de labios causa reticencia y obstaculiza el flujo comunicacional: los labios de George Bush, por ejemplo, son el más exacto retrato de su carácter poco comunicativo. En la situación inversa, unos labios gruesos no necesariamente significan algo y, a priori, no se puede decir que impidan o faciliten la comunicación. La famosa boca de la Mona Lisa roza la delgadez labial pero no se entrega totalmente a ella, quedándose en el límite que le permite ocultar y mostrar su sonrisa intermitente. Ocultar pero también mostrar: ése pareciera ser el punto en que unos labios delgados ofrecen confianza por última vez, porque cuando solamente ocultan no podemos saber si lo que hay en ellos es una sonrisa amable o una mefistofélica risa de sarcasmo. No en vano las brujas y los vampiros tienen boca de alcancía, porque están cerca del mal, de la vejez y de la señora Muerte en persona, que es la boca de alcancía por excelencia.

 

Por otra parte, las alcancías sirven para ahorrar y el ahorro puede ser un signo de previsión pero también puede serlo de avaricia. Sobre todo en el plano comunicacional, siempre conviene guardarse algo para que tenga sentido, de la misma manera en que el erotismo se reserva algunos silencios para no convertirse en pornografía, pero a veces la gente exagera y se lo guarda todo para conveniencia propia, dejando en el lugar de su rostro sólo una puerta cerrada de ascensor.

 

¿Qué se puede hacer con todos estos prejuicios, si es que en verdad son sólo prejuicios: meterlos en un saco y tirarlos a la basura? Puede ser. Pero, al menos para mí, la poco fiable sonrisa matinal de Jorge Hevia sigue siendo un misterio televisivo, un verdadero susto arrojado al despertar.

 
Categoría: Artículos | Vistas: 480 | Agregado por: amiwesty | Valoración: 0.0/0
Total de comentarios: 0
avatar