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12:41 PM
Strip-tease masculino

 

De día trabajaba de las 8:30 de la mañana a 6:30 de la tarde, instalando sistemas de televisión por cable. De noche se desnudaba en bares exclusivos en el norte de Bogotá, donde las mujeres pagan cover de tres a cuatro dólares para ver strip-tease masculino mientras se toman un trago.

Fui a buscarlo en un barrio popular del noroccidente de Bogotá, en una casa tan modesta que ninguna de sus admiradoras lo creería.

Marco Antonio tiene 24 años y un cuerpo cultivado en gimnasios desde los trece años que le permite trabajar en sitios como Body’s, Safari’s, La Fortaleza o Juniors, donde una botella de ron cuesta unos 22 dólares.

¿Cómo se vinculó a este trabajo?

Empecé en febrero de este año [1999]. Gracias a mi trabajo con la televisión por cable conocí a una suscriptora que al parecer estaba interesada en mí, pues llamaba a la central dos o tres veces al mes y por cualquier cosa. Un día, mientras trabajaba en algún arreglo, la señora me dijo: “usted tiene buen cuerpo; ¿le gusta bailar?”; le contesté que sí y me comentó que una amiga de ella tenía un bar, que si me gustaría trabajar haciendo strip-tease, que era sencillo y que aunque no pagaban muy bien, era más que un pago normal. Así fue como empecé a trabajar en Body’s.

Era una veterana de unos 42 años. Salí con ella pero nada, era más bien recatada. Quería como un noviazgo, pero eso no me gusta porque yo tengo mi mujer y mi hijo y yo los respeto mucho. Llegó un día a regalarme un televisor y cuando supo que mi novia estaba embarazada, me pidió que se lo devolviera.

Seguí trabajando en Body’s y no la volví a ver. Al principio ella me dijo que era un bar mixto. Me presentó con una señora que me recibió, me entrevistó como para cualquier empleo, y me dijo que si yo era capaz de bailarle a ella, que ella me daba las pautas para aprender cómo hacerlo bien. Lo hice y me dijo que bien, que tendría que alzar más pesas, pero que bien. Me citó a la semana siguiente. Yo estaba renervioso, porque una vaina de esas tampoco es así no más. Me imaginé que era un bar, como en las películas, lleno de mujeres. Body’s es un bar gay. Cuando llegué, solo vi tipos.

Uno, pues, en general, llega a las 9:30, 10 de la noche. Ella me hizo entrar a un cuarto, me dijo que me fuera preparando, me dio un traje de marino y un frasquito de aceite con canela y me ordenó que me lo untara en todo el cuerpo, lo dejara secar y después me pusiera la ropa. Y que hiciera flexiones de pecho para calentar los músculos. Salí a la pista y me desilusioné porque no pude bailar a mi gusto, pues sólo había tipos. No me sentí muy bien. Menos mal había más muchachos conmigo. Cada uno iba saliendo, hacía lo suyo y después se hacía una coreografía que planeábamos con anterioridad. Y listo. Ese fue el primer día. Lo hice por la plata que me iban a dar.

¿Cómo es quitarse la ropa en público?

Yo nunca he sufrido de pena. No se me dio nada. Allí me sentí incómodo porque había hombres y sabiendo qué tipo de hombres son, pues... Los tipos quieren cogerlo a uno. No me gustó mucho la idea. Lo hice como cuando uno se va a cambiar de ropa. Y bailé normal. Fui tres veces más. Luego tuve un contacto con otro amigo para trabajar en La Fortaleza, un bar mixto al que sí van bastantes mujeres. Allá uno sí lo hace como con gusto, porque las mujeres lo admiran a uno. Ahí sí me pude sentir bien y como en mi ambiente. Además pagaban un poco mejor. En Body’s me pagaban cuarenta y cinco mil pesos por la noche. En La Fortaleza llevo dos meses y me pagan sesenta y tres mil pesos.

¿Les dan propinas?

En la segunda entrada me dieron como treinta mil pesos. Yo me imaginaba que me iban a dar billetes de diez mil, pero no; fueron de a dos mil pesitos. O los dejan en una cajita que tienen allá para las propinas.

¿Las mujeres qué hacen?

Es como si fuera la primera vez que ven a un hombre quitarse la ropa, porque se les siente una emoción... Uno siente que lo miran como con malicia de arriba abajo. Donde estoy ahora sí no importa que lo cojan a uno. Ellas se meten. Yo me les acerco y ellas a cogerlo a uno. Pero lo cogen como si fueran a agarrar al primer hombre en su vida. Fuerte, duro, para tocar si el músculo es de verdad. A veces son bruscas y arañan o tratan de morder o de besar.

¿Cómo es la rutina de su trabajo?

Tenemos un plan. Entre todos ensayamos los pasos de una coreografía. Los viernes somos seis. Los jueves somos cuatro. Los martes únicamente van dos. Se escogen por sorteo o el que quiera ir. Hay tipos que llevan bastante tiempo: tres, cinco años, y uno que lleva once. Son los que más ganan. En la misma noche tienen tres o cuatro lugares a dónde ir. Buscan show. Por la Caracas hay bastantes lugares de eso: Sony Café, Kaobas... Uno va y habla con el dueño y le dice: “Déme tanto y le hago el show”. Ahorita es refácil. Cualquiera lo hace, así no tenga experiencia ni sepa moverse; lo importante es tener buen cuerpo.

¿Cómo es el baile?

En la primera salida, bailamos, las sacamos a bailar o las ponemos a hacer lo que queramos. Y ellas se prestan. Uno puede coger dos, tres, cuatro para un mismo baile.

En la segunda, uno tiene que manipularse el órgano hasta que se ponga duro. Y baila solo y se quita la ropa muy sexy, se echa agua en el cuerpo para que ellas se emocionen, y uno se acerca y las deja tocar y ya.

Anticipadamente, cuando está erecto, nos ponemos un cauchito alrededor del pene, que es un condón cortado, le damos la vuelta, para que se mantenga. Luego nos ponemos el pantalón y salimos así, y nos vamos quitando la ropa. El cauchito maltrata al principio, pero ya después uno se acostumbra.

¿Las mujeres qué hacen?

Se emocionan más: ¡Uy, qué cosota! Y meten la mano por el pantaloncillo y miran a ver si es de verdad. Esas viejas son felices. Si uno se le acerca y les propone algo no creo que haya mujer que le diga que no. En esas condiciones de emoción, estoy seguro de que es así.  Ellas se prestan. Yo no sé, a las mujeres uno les llega a donde es...

¿Y usted qué siente?

Yo no siento nada. Al principio, la emoción de que tantas viejas bonitas lo cojan a uno al tiempo; pero ya después se acostumbra. Un se concentra en otras cosas, no tanto en lo que está haciendo. Ya uno no lo ve con malicia, sino como su trabajo.

¿Qué es lo más atrevido que usted ha hecho en escena?

Quitarme la ropa totalmente y acercármele a una mujer y ponérselo en la cara.

¿Qué es lo que más impacto produce en las mujeres?

La belleza física del hombre. El movimiento de la cadera, pues al tiempo que uno va quitándose la ropa se va moviendo sensualmente, imagino que como muy pocos lo harían. Van a mirar a hombres que no ven por la calle, en el trabajo, en el hogar. A muy pocos hombres con los que salen –el marido o el novio– los verían bailar así. Dicen: “Es que yo no había visto eso en un hombre”. Creo que ahí está la gracia. Lo mismo que uno de hombre, que a veces sale a buscar viejas bonitas.

¿Se ha entusiasmado con alguna clienta?

Yo soy un tipo muy asquiento y no puedo con cualquiera. Tengo que conocerla bien y saber su pasado para poder estar bien. No soy hombre de así no más; no podría.

¿Alguna vez le han hecho propuestas?

Dos veces. Pero son viejas bien feas, veteranas. A la primera le respondí que yo no hacía eso y le presenté a otro muchacho que sí lo hacía. Pero a la segunda, para no hacerla sentir mal, le dije que le cobraba ciento veinte mil pesos por pasar una noche con ella. Entones me dijo que me daba ochenta y le dije que no; me ofreció noventa, que no tenía más. Le volví a decir que no.

¿Y las bonitas no pagan?

Van muchísimas bonitas. Pero ellas van es como por la picardía, por la malicia.

¿Van mujeres en grupo?

Grupos de amigas. Se ven mujeres que salen de trabajar y se van para allá, sobre todo los viernes. Yo bailo los jueves y los viernes, y a veces los martes. Va muchísimas mujeres. Si van ciento veinte mujeres entran dos hombres; en general, se trata de que no entre tanto hombre. Es reglamento del negocio.

¿Para no incomodar a las mujeres?

Para que se sientan más libres. Las mujeres solas son como más extrovertidas. Más libres. Se sueltan. Se sienten mejor ellas solas que acompañadas. Porque ellas hacen lo que vienen a hacer y no hay quien les diga “no lo haga”.

 

¿Ha cambiado su concepto de la mujer desde que está en este trabajo?

¡Uf! Yo, por lo general, pensaba que eran muy recatadas, muy de su hogar y de vez en cuando una rumba. Por lo que yo, poco rumba y eso. Pero después de andar con un grupo de amigos, y empezar a trabajar, como que cambia la forma de pensar. Y ahora veo a las mujeres muy liberadas. De las últimas mujeres con las que he salido, se me han declarado unas seis o siete. Y sólo estoy con una.

Pero, sí ha salido con mujeres...

Sí. Pero nada de sexo. Sólo tomar, hablar…

¿Cómo hacen?

Uno hace el show dos veces y dura 25 minutos y ya. A las 12 o 12:30, termina y sale con su maletincito y ellas se acercan y le hablan: “Quiero salir contigo”.

¿Y buscan sexo?

Las sardinas no; las veteranas sí.

¿Ha salido con jóvenes?

Las últimas cuatro han sido universitarias. Las veteranas sí son mujeres que trabajan. Pero son viejas pícaras.

¿Y qué le dicen?

Que por qué estoy metido en ese trabajo, qué hago para tener el cuerpo así, quién me enseñó a bailar, qué música me gusta más, que si como me muevo hago el amor.

¿Y le pagan por salir con usted?

No. Me dicen: “Vamos a tomar algo”. Siempre voy con desconfianza porque de pronto es para robarlo. He escuchado casos.

Y los que sí se van con las mujeres por plata, ¿no le dicen que no se complique?

Ellos aconsejan que no. Lo hacen porque tienen más necesidades todavía, porque no tienen empleos por la mañana, así como yo. Solo el trabajo de la noche. Una de estas mujeres puede tener enfermedades, no se sabe. Hubo un caso de un muchacho: una vieja de billete se lo llevó, le dijo que le gustaba que él estuviera sudado para hacer el amor, y que tuvieran una camiseta de fútbol. Y no permitió que el tipo se pusiera preservativo y empezó a meter droga y al tipo le prendió una gonorrea. Tampoco el condón es tan seguro.

¿Qué piensa del comportamiento sexual de las mujeres?

En este momento las mujeres están más atrevidas. No les importa quedar embarazadas. Tengo una amiga con la que me hablo dos veces a la semana y las dos veces me lo está pidiendo. Y yo noto que las amigas son muy loquitas, se acuestan con cualquiera. No les importan para nada las enfermedades, los embarazos; sólo quieren sentir el placer.

¿Le ha contado a su esposa de este trabajo?

Nadie en mi familia lo sabe.

¿Por qué no les cuenta?

Mis papás son muy chapados a la antigua, demasiado estrictos. Yo no sería capaz de decirles; no me entenderían el por qué lo hago. Y lo hago para tenerlos bien, porque el sueldo que gano en mi trabajo no alcanza. Si me pongo a comentarles eso no van a cambiar la forma de pensar. Qué tal decirles a mis papás: “Es que yo me desnudo en un club nocturno”.

¿Su papá en qué trabajaba?

Llevaba dos años como administrador en una empresa de pizzas y lo echaron. Desde ahí no ha conseguido más trabajo. Ya tiene 44 años y no consigue trabajo en ninguna parte. Por eso me tocó.

¿Le preguntan por qué llega tarde?

Todos los fines de semana llego tarde. Uno se anima, se toma sus tragos, habla con la gente. Yo le digo a mi mujer que estaba tomando cervecita con los amigos. Ellos ya ven que uno tiene su vida aparte, y más bien le dicen que se cuide, que cuidado con las amistades. Y a mi mujer, para que no se ponga muy bravita, siempre le llevo una hamburguesita o algo. Y le digo: “Esta tarde me hice una instalación y me gané esta plata”. Entonces le doy platica a ella para que vaya y compre sus cosas. Para que no diga nada. Aunque ella dice que yo tengo otra mujer.

¿Su esposa tampoco lo entendería?

Es la mujer más celosa de este planeta. Ella me conoció una noche rumbeando como con tres viejas. Yo no sé cómo me la cuadré. Entonces ella dice que cada vez que salgo por las noches, siempre estoy haciendo algo. Yo la estoy haciendo cambiar esa forma de pensar para que confíe en mí. No sé si seré capaz algún día de contárselo.

¿Vive con su esposa porque resultó embarazada?

Resultó embarazada. Ella ha sido mi novia durante cuatro años, y vamos a cumplir cinco de conocernos. Estoy conforme con mi hijo, porque lo quiero muchísimo. Pero a ella no. No sé qué es lo que pasa. Compartimos todo, menos sexo. Llego tarde y me acuesto a dormir o me pongo a jugar Atari. Es triste, después de tanta vaina que compartimos. Ya no me estimula. Primero me dijo que no le gustaban los tipos grandes. Y como ha visto que estoy más acuerpado, dice que le da como asco, como miedo cogerme los músculos.

¿Se siente infeliz en ese aspecto?

Sí. Pero ya me conseguí una que me da todo lo que quiero. Me trata como cualquier hombre desearía que lo trataran. Me siento mal porque la quiero, pero no como la quisiera querer.

Usted me decía que antes era una “caspa”.

Yo era muy “pelietas”. No aguantaba que me miraran mal. Yo he sido muy compulsivo. No me aguanto que me alcen la voz, que me miren mal, cosas así. Se me sube la sangre. No sé. Yo siempre he tenido ese problema. Me han llevado una cantidad de veces a la estación de policía por eso.

¿Muchas peleas?

En las fiestas, en todo lado. Siempre me meto en donde no me llaman y termino agarrándome con alguien, que por lo general es más grande que yo.

¿Por qué siente eso?

No me gustan ciertas cosas y me meto de lambón. Lo que no me gusta lo digo. Y no reflexiono sobre lo que pueda pasar.

¿En estos sitios ha aprendido a moderarse?

Yo empecé a cambiar desde que me metí a practicar artes marciales. Fui cambiando la forma de pensar, de canalizar mis energías, de explotar la ira y mis impulsos en otra forma. Estudié Kung Fu. Llegué hasta cinturón rojo. Todo lo que empiezo nunca lo termino, porque siempre pasa algo. Estudié inglés cuatro meses pero no terminé, porque le subieron a la pensión y me tocó parar. Después, ya vino el nacimiento del niño, más gastos, mi papá se quedó sin trabajo y tuve que ver por la familia, por ahora. El Kung Fu lo dejé porque sufrí un desgarro y duré como tres días en los que no me podía mover. Me faltaban dos meses para el otro grado. También estudié lucha libre, boxeo, fútbol; estuve en gimnasio desde los 13 años.

¿Cómo son sus compañeros?

Con el que mejor me la llevo es casado y le pasa lo mismo que a mí: su mujer también desconfía mucho de él. Le toca ocultar lo que está haciendo para evitarse problemas.

¿Quién es el más veterano?

Es el primo del dueño. Como tiene un cuerpo supergrande, es tronquito para moverse, pero a las mujeres les atrae un cuerpo grande.

¿Usted hace strip-tease en pareja?

Hace poco nos contrataron a dos para bailar en un salón comunal con dos muchachas, pero íbamos por aparte.

¿Usted cree que de su trabajo a la prostitución hay mucha distancia?

Es muy poquitica.

¿Por qué no se ha prostituido?

Por mi convicción. Lo hago por mí mismo, porque no veo la necesidad de hacerlo. No le veo gracia a acostarse con alguien que uno no quiere o no desea. El deseo es una cosa y el amor es otra. Pero, entonces, si uno hace las cosas con deseo no tiene tanto el gusto como si lo hace con cariño, con amor. No soy capaz. Quién sabe mañana.

¿Es un trabajo como cualquier otro?

Yo creo que en este tipo de trabajo uno tiene que separar los sentimientos de su mente, para no embarrarla. Pero de todos modos uno se siente mal de que lo miren ahí empelotarse. Es incómodo. Yo le digo que es un trabajo común y corriente porque es sólo bailar y le están pagando a uno por lo que está haciendo, pero uno se siente mal es por la convicción que uno tiene de uno mismo. El degenere... así se empieza. Quién sabe en qué termine. Los amigos que tengo se meten “de una” a lo que salga, mientras que yo por el momento no soy capaz. No sé qué pase en mi vida más adelante.

¿Hasta dónde piensa llegar con esta profesión?

Hasta que consiga un buen empleo. A mí me gusta, pero no me gusta. A veces digo: ¿por qué me dejo manosear tanto?; no todo es plata. Pero es que a veces las necesidades... Yo estoy seguro de que si me consigo un empleo en el que me paguen bien, lo dejo de una. O el día en que empiece a ponerme gordito, ya me dará pena salir.

¿Qué piensa de nuestras costumbres sexuales?

Creo que falta muchísima educación. Yo estudié en el que dicen es el mejor colegio distrital de Bogotá y nunca me enseñaron nada de educación sexual. Como que a los profesores y a los padres les da miedo hablar de eso. Uno tiene que aprender solo, y ahí es donde vienen los problemas. De la masturbación yo vine a saber como a los 17 años, cuando un muchacho me comentó que viendo a Las Hinojosas se hizo así. Y empecé a hacer lo mismo. Pero nunca tuve quién me enseñara qué es bueno, qué es malo, cómo se hacen las cosas.


 

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